EL RECURSO A LA NATURALEZA EN LOS LIBROS SAPIENCIALES. INDICE e INTRODUCCIÓN. Reflexión primera.

EL RECURSO A
LA NATURALEZA EN LOS LIBROS SAPIENCIALES

Juan Luis Ríos Mitchell Zaragoza 2013
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Título: El recurso a la Naturaleza en los Libros Sapienciales Autor: Juan Luis Ríos Mitchell  Zaragoza: 13 de mayo de 2013   Nº de Depósito Legal: Z-897-2013
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                                 PRIMERA ENTREGA
Introducción
          I  Todos los elementos de la naturaleza ordenados alfabéticamente 
          Flora
          Fauna
          La Naturaleza
          El campo y sus labores Varios 
          II  Índice alfabético de los elementos con sus citas 
          III  Síntesis de las atribuciones de los elementos de la naturaleza 
          con carácter didáctico y religioso 
          IV  Reflexiones sobre los textos seleccionados 


INTRODUCCIÓN
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La presente “guía de campo” está dirigida a todos aquellos que por vocación o dedicación o satisfacción personal viven conscientes de la naturaleza y en ella descubren la supervivencia del hombre en un entorno vivo y con sentido, en este caso bíblico.
Los textos bíblicos no se leen como si se trataran de una novela o de un documento histórico. Encontramos descripciones naturales y motivaciones morales pero, de cualquier modo, constituyen una fuente de datos para que cada uno los aplique según sus propias necesidades vitales o intelectuales.
Como veremos, un mismo texto nos brinda informaciones al menos en tres niveles distintos, el del lenguaje vulgar, el del lenguaje literario y el del lenguaje religioso.
Para este trabajo inicial me limitaré a los libros considerados sapienciales, a saber, el libro de los Proverbios (Prov), el Eclesiastés (Ecl o Qoh), el libro de la Sabiduría (Sab), el Eclesiástico (Eclo o Sir) y Job (Job). Aunque también los incluyo como tales, pues así están en la Biblia de Nácar-Colunga que tenemos como referencia, hay dos que la nueva versión de la Biblia de Jerusalén los considera como líricos, o poéticos, a saber: los Salmos (Ps) y el Cantar de los Cantares (Cant). Esto significa que queda como un tema abierto para completar en sucesivos intentos. Basten, como modelo, las citas que aquí se presentan que sólo tienen en común para haber sido elegidas el estar agrupadas bibliográficamente bajo el epígrafe de “sapienciales”.
Los Salmos, anteriores al s. IV a. C., utilizan la naturaleza como vehículo de alabanza al Creador, a veces en un entorno moralizante.
El libro de los Proverbios es una colección de textos de sentido didáctico, y por lo tanto moralizador, que aparece entre los siglos V y IV a. C.
El libro de Job, probablemente de los siglos V-IV a. C., también refleja la naturaleza con carácter didáctico, a veces irónico, negativo y rebelde, pero siempre muy humano.
El Cantar de los Cantares, escrito según parece en el s. IV a. C., maravillosamente poético, no es moralizante y recurre a la naturaleza como lugar de expresión metafórica del amor.
El Eclesiastés aparece a mediados del s. III a. C., con una fuerte carga de pesimismo y determinismo que se superan por la alegría interior. De ahí que sus referencias a la naturaleza se centren en la línea moralizante de la búsqueda de la paz interior.
El Eclesiástico, escrito en el s. II a. C., utiliza los temas naturales en un tono generalmente moralizante y pocas veces descriptivo.
El libro de la Sabiduría, del s. I a. C., es, fundamentalmente, moralista.
Con todo, no se puede extraer una tónica clara que relacione el tratamiento dado a los temas de la naturaleza de acuerdo, por ejemplo, con la época en que fueron escritos. El recurso a la naturaleza es común a todos los pueblos de cualquier época. Y es evidente el gran conocimiento que todos ellos tienen de los fenómenos naturales, no tanto en su explicación científica, que no viene al caso, como en su apariencia, en sus múltiples manifestaciones, en las relaciones de unos con otros y en los efectos que produce, buenos o malos, para el campo o para el hombre. Este recurso se hace moralizante cuando se le quiere dar un sentido que permita al hombre sobrevivir en la naturaleza humanizándose progresivamente. Es lo que ocurre en general con los textos bíblicos que, por fidelidad a Dios, quieren en el hombre un modo de comportamiento acorde con la fe que los une. Por el contrario, en las raras excepciones en las que el autor contempla la naturaleza como algo bello en sí y no utilitario o didáctico, el recurso a la naturaleza se convierte en poesía, en vehículo de sentimientos.
LENGUAJE ORDINARIO (POPULAR)
El texto bíblico utiliza el lenguaje que hablan los coetáneos de los autores. Es un lenguaje directo, popular, con expresiones tópicas y temas cercanos a la gente, con recurso a animales, vegetales, a trabajos artesanos y del campo, a eventos atmosféricos, y a alguna referencia histórica, que la gente podía conocer.
LENGUAJE METAFÓRICO (LITERARIO)
Pero, a la vez, ese mismo lenguaje se supera utilizando las mismas expresiones poéticamente y como comparaciones y como metáforas, lo que sitúa al texto en un nivel literario que, en muchas ocasiones, será necesario que alguien, más entendido, explique. Sin embargo, decir por ejemplo que el hombre es como un junco que se balancea según de dónde venga el aire, es una comparación que todos pueden entender. Y como este ejemplo, tantos otros, si bien algunos tienen un contenido más teológico y por ello algo más complejo.
LENGUAJE BÍBLICO (SALVACIÓN)
Superando aún este segundo nivel, llegamos a encontrar un tercero que aplica el lenguaje literario a la realidad espiritual del hombre en relación muy frecuentemente con Dios, pero también con los demás seres humanos. Esta aplicación religiosa y espiritual, porque a veces se refiere al carácter, a la personalidad, a las emociones, a las relaciones interpersonales, a la relación con Dios, etc., requiere mayor detenimiento y en ocasiones discernimiento e interpretación. Porque, en el ejemplo anterior, decir que el hombre es como un junco que se mueve según el viento, podría interpretarse positivamente explicando que el viento es la imagen de Dios que mueve al hombre por donde quiere y este se debe dejar llevar o, negativamente, diciendo que el hombre que va de aquí allá, que se deja llevar por cualquier impulso, etc., no logrará centrarse ni en Dios ni en nada.
Este lenguaje superior es el que tomamos como lenguaje de salvación, como la palabra que prepara nuestro espíritu para el contacto con la divinidad, con el plan que Dios ofrece al hombre para convivir con los demás. Es, por lo tanto, de algún modo subjetivo, aunque ciertamente apoyado en una larga tradición. Podríamos decir que es un lenguaje religioso, en el amplio sentido del concepto, que nos lleva a la unión con Dios y, de modo inseparable, con los demás.
Sin embargo, es frecuente que el texto incluya una orientación interpretativa.
Aunque agruparé en lo posible la reflexión en torno a cinco campos muy amplios, no significa ello que sean independientes unos de otros sino, más bien, encontraremos entre ellos relaciones múltiples que aquí, por cuestión de método, soslayaré.
Los campos a los que me refiero son:
  1. 1  La flora
  2. 2  La fauna
  3. 3  La naturaleza
  4. 4  El campo y sus labores
  5. 5  V arios
Por último, hay que saber, porque no se explicita aquí al concentrar la investigación en los libros sapienciales del A.T., que los Evangelios, que presentan el proyecto de Dios, el Reino, en la mirada, acciones y vida de Jesús de Nazaret, podrían tratar el tema con una perspectiva muy diferente. De hecho, Jesús y los profetas del A.T. difieren mucho en su visión del Reino. Dejo esta investigación para una segunda parte, si es el caso.
Para este trabajo se han utilizado indistintamente las traducciones de la Biblia de Nácar-Colunga, BAC, Madrid, 1962, su edición revisada de bolsillo de 1976, y la de Jerusalén, Desclée de Brouwer, Bruxelles (Belgium), 1967, de modo que una cita que incluye un término en un versículo puede diferir de una traducción a otra. Sin embargo, la consulta de otras fuentes y ediciones, especialmente de los salmos, puede enriquecer la comprensión de los textos. Por eso, y dada la naturaleza personal y subjetiva de las presentes reflexiones, se espera del lector que aporte su propia subjetividad a la hora de trabajar las citas que se proponen para poder sacar su propio beneficio.
La recogida de datos se comenzó en torno a 1980 buscando un matiz religioso para el crecimiento humano coincidente con el interés por la naturaleza y por la ecología que habíamos iniciado años atrás y, después de unos años de abandono, retomo ahora esta línea de trabajo pensando conseguir el complejo fruto deseado.
Zaragoza 2013. 

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