SOBRE LA LIBERTAD   
 Publicado en el HERALDO DE ARAGÓN  el 10 de junio de 2020, pág. 22

Acabo de leer un librito de Hannah Arendt en el que se recogen algunas reflexiones sobre la libertad, en este caso la que se pretende conseguir tras una revolución, con el apoyo de Maquiavelo, Saint-Just, Robespierre o Rosa Luxemburgo.
Su lectura me sugiere ciertos comentarios, algunos de los cuales ofrezco aquí para la reflexión de todos pues, aunque las ideas de H. Arendt fueron escritas hace tiempo, hoy se pueden aprovechar bastante bien.
En primer lugar, que un gobierno débil, errático, incongruente, deslavazado, dividido o  que haga dejación de su poder, es causa de malestar entre los ciudadanos, miedo y desconfianza e, incluso, puede provocar entre ellos un movimiento de rechazo y un deseo de cambio. 
En segundo lugar, que cuando un gobierno, o un partido político, quiere hacer su propia 'revolución' para mantenerse en el poder, tiende a constituir una dictadura, no del proletariado, sino de un partido o de un puñado de políticos, dice Arendt. Suele suceder que ellos consideran que todo les está permitido, que no hacen nada mal, que no sienten infringir ninguna ley, quizá porque su poder les hace editar leyes nuevas a su favor.
En tercer lugar, si eso sucede, en vez de libertad, lo que ocurre es que se tiende a suprimir las libertades y los derechos.
En cuarto lugar, que es diferente que se busque la libertad para liberarse de cualquier opresión que querer ser libre para tener su propia buena vida o para participar en política. Las dos son necesarias. Lo malo es querer hacer uso de esa libertad para alcanzar el poder por la fuerza o por el engaño porque entonces se tiende al abuso y a la injusticia.
En quinto lugar, que para conseguir esto no es mejor un régimen que otro, monarquía o república, siempre y cuando el gobierno se preocupe de satisfacer la buena vida privada de la gente, los medios apropiados, en el trabajo, en los salarios, en el ahorro, en la vivienda, en la alimentación, en la educación, en la cultura, en el esparcimiento y en las creencias.
En sexto lugar, que el deseo de ser reconocido o de destacar, socialmente o políticamente, es legítimo. Pero ambicionar el poder para poder destacar, para ser reconocido, es un vicio, propio de los tiranos y tiende a impedir la concordia y a destruir la vida política.
En séptimo lugar, que no hay libertad sin igualdad. Igualdad ante la ley e igualdad de oportunidades. Todos deben tener las mismas posibilidades de encontrar medios de vida adecuados y de participar. Y el gobierno debe cuidar para que esas necesidades siempre estén garantizadas por la vía pública, pero si la iniciativa privada las satisface de igual modo, la igualdad significa que esa vía debe ser reconocida.
En octavo lugar, que para ello es necesaria la justicia. Justicia para todos y aplicada de igual modo a todos.
En noveno lugar, que con la libertad y la igualdad, los ciudadanos reclaman tener información veraz adecuada a cada circunstancia. La desconfianza que se crea cuando hay sospecha de que el gobierno, o cualquier poder, manipula o miente, destruye el apoyo necesario y la buena convivencia.
En décimo lugar, que la satisfacción de medios de vida adecuados, la libertad, la igualdad, la justicia y la veracidad, parecen ser la base de nuestra democracia y en la que se exige al gobierno estar atento y al servicio del ciudadano, y no al revés.

Zaragoza 13 de abril de 2020
Juan Luis Ríos Mitchell


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