FALSO ENFRENTAMIENTO ENTRE LO PÚBLICO Y
LO PRIVADO
Hay
de todo, como en Botica. Pero la Administración debería ser prudente en el discernimiento de cada
caso. Las leyes son necesarias, pero por encima de las leyes, decía
Aristóteles, está el sentido común del gobernante que deba aplicarlas. Así que,
a veces, no podemos echar toda la culpa a la legislación sino a la voluntad de
los políticos de turno. Por ejemplo, no es bueno que confundan y se trate igual
a una gran empresa que a un pequeño negocio autónomo, siendo la prudencia, si
no la ley, la que debe dictaminar sobre el “tamaño”. Recordemos que dicen que el
tamaño no importa y tanto da para la importancia de la empresa!. Y deben de ser
más justos para dar cabida a todos en sus proyectos, a las empresas públicas y
a las privadas.
Parece
que están proliferando actuaciones contra la empresa privada, especialmente
contra la pequeña empresa, especialmente contra algunas escuelas o pequeños
centros educativos. A éstos me voy a referir. Se les achaca el tener afán de
lucro porque sus promotores son autónomos. Es evidente que tienen que cobrar
para poder subsistir, pagar nóminas y seguridad social, alquiler, hipoteca,
impuestos, calefacción, electricidad, teléfono, reparaciones y diversos
materiales. Y sabemos que en ocasiones lo ingresado no da de sí y tienen que
recurrir a préstamos o a ahorros personales. Así como al empleo de tiempo extra
para solucionar cuestiones burocráticas, muchas y algunas inútiles.
No
se entiende el encono de algún sector de la Administración, de algún partido
político, de algún sindicalista, de algún miembro de “la pública”, contra esos centros. Da la impresión de
que prefieren que se cierren y no importa que se pierdan puestos de trabajo.
Pero sus dueños han creado algunas veces su Centro por motivaciones sociales y
no sólo para hacer negocio y prefieren mantener a sus empleados, claro está,
esperando que lo hagan bien, que sean eficaces, pues cuando no lo son crean un
verdadero problema. Cerrar el Centro ni gusta ni es tan fácil y además crea un
problema moral y social, porque un establecimiento pequeño en el que se ven las
caras unos a otros constantemente se basa en la confianza, fidelidad y buena
relación entre todos.
Seguramente
no entienden aquellos que esas pequeñas empresas dan trabajo y ellos no. No
entienden que cuando bloquean un proyecto que pueda ser interesante y útil para
la sociedad, están perjudicando a todos los ciudadanos. Rechazan estos centros
por ser privados pero da la impresión de que consideran lo público como suyo,
las empresas públicas como sus empresas privadas, como si lo público no fuera
también parte de todos. ¿Acaso no puede haber tan buenos proyectos en la pública
y en la privada, y caber todos? Y que los ciudadanos, libres, decidan el que
más les conviene.
Estamos
en el siglo XXI y mientras los unos quieren traer a la política y a las
relaciones sociales modelos “viejunos” de enfrentamiento social propios del s. XIX,
los otros no se están dando cuenta del interés de esos partidos o asociaciones
de nuevo cuño por romper la concordia y destruir nuestra convivencia
democrática y los valores que nos hemos forjado, por traer división y
enfrentamiento, por evitar que pensemos y que seamos críticos, por querer
manipularnos y coaccionarnos, ahora que habíamos conseguido un cierto nivel de
libertad y de ausencia de adoctrinamiento ¿por qué quieren implantar el
pensamiento único sino para dominar y manipular?. Esta uniformidad que quieren
imponer sólo sirve para eso, para suprimir las libertades individuales y medrar
ellos, claro. Y resulta que poco a poco les dejan que vayan ganando terreno y ya
vemos que donde tienen algo de poder van forzando situaciones lamentables que
nos destruirán para volver a empezar donde ellos quieran a su antojo. Claro que
hay cosas que mejorar o cambiar, nuestra democracia no es perfecta como no lo
somos nosotros, pero es lo mejor que podemos tener en este momento, mucho mejor
que la dictadura y que el populismo, pero se puede hacer con diálogo y
consenso, con verdad, con honradez, con moderación y prudencia, con más
participación, esto es, con sentido común en beneficio de todos. Victoria Camps,
(filósofa actual), nos explica la gran diferencia entre ser rebelde, como
reacción ante lo incongruente e injusto, y entonces se tiende a ser siempre rebelde
como actitud crítica, y la revolución, que busca cercenar la libertad y la
individualidad, o sea, el derecho, que se pierde para siempre, según ideas de
A. Camus, (filósofo s. XX), y que una vez lograda impide todo movimiento
crítico y razonable. Y también nos comenta el mito de Prometeo en el Protágoras
de Platón, (filósofo s. V a.C.), que afirma el respeto mutuo y la justicia en
toda acción social.
¿Por
qué seguimos con el enfrentamiento público-privado? Hoy que la modernidad moral
habla del pensamiento líquido, (no existe ninguna verdad, todo es igual de
bueno!, aunque esto necesite ser matizado), y en muchos campos ya no se acepta
la disyunción “o todo blanco-o todo negro”, ¿aún pensamos en enemistar lo
público y lo privado? ¿Qué provecho quieren sacar de esta postura? Modernidad
aparte, hace falta mucho más razonamiento, más pensamiento libre y crítico, en
todas las esferas de la sociedad. Los
dos sectores, público-privado, tienen cabida y deben estar para beneficio de todos.
Y si alguna empresa privada, (y también pública), ciertamente aprovecha para
obtener ganancias escandalosas o fraudulentas o injustas, o utiliza ardides
ilegales para su beneficio en detrimento de los ciudadanos, denúnciese. Pero
apóyese al resto de profesionales que, en el ejercicio de su libertad y muchas
veces con sentido social, se han hecho autónomos y procuran hacer bien las
cosas. Algunos han optado por mantener su estatus privado y otros han preferido
poner su iniciativa privada al servicio de la comunidad y esperan apoyo y colaboración
gubernamental, que también es su gobierno. Apóyeseles permitiendo y facilitando
sus iniciativas y proyectos, mientras no sean contrarios a la Constitución. Y
apóyeseles a veces, cuando sea necesario, con legislación adecuada o conciertos.
Y dótese a la pública de lo que necesite para cumplir su función. Eso es
gobernar para todos los ciudadanos.
Juan
Luis Ríos Mitchell
Publicado
en HERALDO DE ARAGÓN el 30 de
marzo de 2017, algo abreviado.
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